Protestas en Nuuk y Copenhague, amenazas arancelarias y el interés geopolítico por las tierras raras colocan a Groenlandia en el centro de una nueva disputa global
La palabra resistencia recorre hoy el Ártico. Desde Nuuk, capital de Groenlandia, hasta Copenhague, miles de ciudadanos han salido a las calles para rechazar las presiones políticas, económicas y comerciales de Estados Unidos, luego de que el expresidente Donald Trump retomara su retórica sobre una eventual “compra total” de la isla.
El epicentro de las movilizaciones se ubicó en Nuuk, donde el primer ministro Jens-Frederik Nielsen encabezó una marcha hacia el consulado estadounidense, acompañado por integrantes de su gabinete y población local. Con banderas groenlandesas en alto, el mensaje fue contundente: la soberanía de Groenlandia no es negociable.

Las tensiones escalaron tras el anuncio de Trump de imponer aranceles adicionales del 10% a países europeos a partir del 1 de febrero de 2026, con la amenaza de elevarlos hasta 25% en junio del mismo año, como mecanismo de presión política. Europa calificó estas acciones como chantaje económico y respondió con una postura de unidad institucional poco común.
Detrás del conflicto subyace un fuerte interés geopolítico. Groenlandia concentra importantes reservas de tierras raras —clave para la industria tecnológica, energética y de defensa—, además de su ubicación estratégica en el corredor GIUK (Groenlandia-Islandia-Reino Unido), vital para la seguridad del Atlántico Norte y la OTAN.
Sin embargo, la resistencia social ha sido clara. Encuestas recientes indican que más del 85% de la población groenlandesa rechaza cualquier intento de integración a Estados Unidos. Líderes europeos como Emmanuel Macron y Ursula von der Leyen han respaldado públicamente esta postura, advirtiendo que una escalada de tensiones podría fracturar de forma permanente las relaciones transatlánticas.

Mientras Washington se declara “abierto a negociar”, Groenlandia y Dinamarca mantienen una línea firme: la identidad, la autonomía y el derecho internacional prevalecen sobre cualquier presión externa. La comunidad internacional observa con atención un conflicto que redefine el equilibrio geopolítico en el Ártico.

