Entre la sequía, la urbanización y el desinterés generacional, productores de Xochimilco resguardan un legado ancestral que aún alimenta a la Ciudad de México.
En el corazón de los canales de Xochimilco, donde el agua y la tierra se entrelazan desde tiempos prehispánicos, sobrevive una variedad de maíz única en el mundo: el maíz chinampero. Dulce, colorido y tierno, este cereal ha resistido el paso del tiempo gracias al esfuerzo de familias que, como la de Ricardo Sánchez, continúan sembrando por amor a la tierra y por la herencia de sus abuelos.
“Mi abuelo me enseñó a trabajar la tierra y a sembrar maíz para el autoconsumo y para vender en los mercados”, cuenta Sánchez desde su parcela en San Lorenzo, Xochimilco. “A veces, con el cambio climático, ya no es costeable… las producciones se han reducido mucho”.

Un cultivo entre el agua y el tiempo
El maíz chinampero se cultiva cerca de las vías fluviales y se mezcla con flores y hortalizas. Sus mazorcas, grandes y dulces, exhiben una paleta que va del amarillo al rojo, morado y negro. Sin embargo, las heladas atípicas y las sequías prolongadas han puesto en riesgo su permanencia.
El pasado 12 de abril, una helada quemó los maizales en pleno crecimiento. Decenas de parcelas se perdieron. “Fue tiempo y dinero que no podremos recuperar”, lamenta Sánchez.
Ante las variaciones climáticas, productores como Humberto Cortés han tenido que modificar su calendario agrícola: “Antes sembraba en febrero, ahora espero a mayo, cuando se acercan las lluvias. Así aseguro la siembra”.
Según la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (CORENADR), existen alrededor de 1,200 productores de maíz chinampero que cultivan unas 66 hectáreas entre Xochimilco y Tláhuac. No obstante, el número podría disminuir debido a la falta de apoyos, la crisis climática y el desinterés de las nuevas generaciones.
Desinterés y cambio de uso de suelo
El agricultor Ariel González, de San Gregorio Atlapulco, explica que muchos jóvenes prefieren empleos en oficinas o dependencias gubernamentales:
“Se pierde el interés porque se van a trabajar fuera. Somos pocos los que seguimos impulsando el campo. Creo que somos la última generación.”
A ello se suma el crecimiento del ecoturismo y los cambios ilegales de uso de suelo, que transforman los antiguos maizales en canchas deportivas, restaurantes o zonas recreativas. “Es más rentable tener un jardín o un ecoturismo que esperar seis meses una cosecha incierta”, comenta Sánchez.
Aun así, el productor confía en que ambos mundos pueden coexistir: “Si se promueve un ecoturismo responsable que valore la agricultura chinampera, podremos preservar la producción y la herencia cultural”.

El abandono del campo y la falta de apoyo
Los productores enfrentan también la escasez de incentivos y apoyos. Sánchez denuncia que los programas de subsidios y acompañamiento técnico llegan tarde o son insuficientes:
“Cuando estamos en la siembra, el apoyo no llega. Y en la comercialización, no hay acompañamiento. Muchos terminan abandonando las parcelas.”
Custodios de las semillas
A pesar de las dificultades, la resistencia se mantiene viva. Los campesinos conservan semillas nativas libres de transgénicos, promueven el intercambio comunitario en las Casas de Semillas y utilizan técnicas agroecológicas heredadas de sus antepasados.
“Seleccionamos el maíz por el método de maizal intensivo, sin químicos. Así el grano es más bonito y fuerte”, explica González.
Montserrat Téllez, representante de la campaña Sin Maíz, no hay país, destaca que estas casas de semillas son espacios donde “se intercambian granos, saberes y recetas”, y donde los productores comparten qué variedades son más resistentes o mejores para ciertos platillos tradicionales.
CORENADR: rescatar el patrimonio biocultural
Desde 2019, la CORENADR implementa una estrategia para rescatar el maíz chinampero como patrimonio biocultural de la Ciudad de México. El programa impulsa la transición agroecológica, la capacitación técnica y la creación de la Casa de Semillas Toxinachcal, un banco comunitario que resguardará el patrimonio genético del cereal.
Estos trabajos forman parte del programa Altépetl Bienestar, impulsado por la entonces jefa de Gobierno, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, y benefician a 217 productores en Xochimilco y Tláhuac.
Los pueblos de San Luis Tlaxialtemalco, San Gregorio Atlapulco, Santiago Tulyehualco, San Pedro Tláhuac, San Andrés Mixquic y San Juan Ixtayopa mantienen viva esta tradición. En ellos, la CORENADR y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) imparten talleres de selección masal, control biológico de plagas y uso de abonos orgánicos.
Un legado que alimenta la soberanía
El maíz chinampero es más que un cultivo: es un acto de resistencia. Cada grano encierra historia, identidad y esperanza.
“Más que alimento, es cultura. En cada semilla hay memoria y comunidad”, resume Téllez.
Gracias al trabajo de campesinos, investigadores y guardianes de las semillas, la Ciudad de México avanza en la recuperación de un sistema agrícola ancestral, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad y esencial para la soberanía alimentaria.
El maíz chinampero —dulce, multicolor y resiliente— sigue resistiendo, silenciosamente, entre los canales que dieron origen a la capital del país.

